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El factor humano, detrás de la mayoría de accidentes de tráfico


La impulsora de esta asociación fue la muerte de mi hijo Jordi. El 24 de enero de 1998, murió atropellado en pleno centro de la ciudad de Barcelona cuando practicaba su deporte favorito, la bicicleta, mientras estaba parado en un semáforo por alguien que, a las 8:30 de la mañana, venía de haber pasado toda la noche de ‘marcha’ con 1.19 gramos de alcoholemia en sangre”. Ana Mª del Campo, presidenta y fundadora de ‘Stop accidentes’

La Dirección General de Tráfico (DGT) se empeña año tras año en reducir este fenómeno y la verdad es que en estos últimos años lo está consiguiendo, pero el éxito llegará en el momento en que las víctimas de accidentes de tráfico se reduzcan a cero.

En este sentido, el número de diligencias abiertas por conducir bajo los efectos del alcohol ha caído a la mitad desde la entrada en vigor en diciembre de 2007 de la reforma del Código Penal que castiga con penas de prisión a los conductores que dan una tasa positiva alta en un control de alcoholemia. Sin embargo, en el primer semestre de este año fallecieron 1017 personas, cifra que se trata de reducir con este tipo de medidas. Lo que está claro es que ahora la gente se cuida muy mucho de coger el coche después de haber tomado una copa de más.

La presencia de alcohol en los accidentes es muy alta. La mayor parte se podrían evitar si todos ponemos de nuestra parte, ya que son consecuencia de factores humanos. Es un hecho demostrado que la ingesta de alcohol, incluso con bajas concentraciones etílicas, produce una merma en la conducción que se traduce en el deterioro de la atención, de las funciones visual y auditiva, perturbaciones en el campo perceptivo, cansancio, somnolencia o fatiga muscular y, por supuesto, en accidentes de circulación.

A todos nos afecta

La respuesta de la Ley ante un conductor borracho es muy firme. El límite legal es de 0,25 miligramos de alcohol por litro en aire espirado para el conductor más común, rebajándose esa tasa a 0,15 mg/l de alcohol en aire espirado para conductores noveles entre otros. Rebasar estas tasas acarrea una multa que puede llegar (y llega casi siempre) a los 600 euros, retirada de carné tres meses, pérdida de seis puntos, inmovilización del vehículo…

Si la tasa es superior a 0.60 mg/l de alcohol en aire espirado se trata entonces de hechos constitutivos de delito, por lo que el conductor es castigado con pena de prisión de hasta seis meses o multa de hasta doce meses y trabajos en beneficio de la comunidad de hasta noventa días, y, en cualquier caso, añadimos a estas penas la de privación del derecho a conducir de uno a cuatro años.

Es un error pensar que el consumo de alcohol y la conducción está relacionado exclusivamente con los jóvenes: el alcohol nos afecta a todos y en los accidentes de circulación están presentes personas de todas las edades. En lo que respecta a los accidentes de tráfico, todos somos responsables, no solo aquellos que son considerados como causantes.

¿Por qué la culpa de un accidente siempre es del otro?


Cuando el investigador llega al lugar del accidente, frecuentemente se encuentra con dos partes implicadas que se creen en posesión absoluta de la verdad. En ese momento comienza lo realmente duro, pues es sumamente importante actuar como un verdadero brujo y conocer lo que ha pasado en realidad.

No es la regla absoluta, pero sí la genérica, ya que hay situaciones donde las partes se comportan con exquisita educación, sin tratar de huir de la justicia y reconociendo su parte de culpa en el accidente.

Hasta el más fácil de los accidentes

Un cruce en cruz, una señal de STOP tan grande como un templo, se produce la colisión y el infractor que no respeta la señal achaca a la otra parte su exceso de velocidad. Es lo más común.

Otra situación complicada es cuando el accidente se produce en un cruce regulado por semáforos. Un parte manifiesta que lo tenía en verde y la otra que lo tenía en ámbar. Siempre sale la palabra “ámbar”. Cuando lo cierto y  la verdad es que para que un semáforo se ponga en verde, el otro ha de estar previamente en rojo.

Problemas con la fuente de información

La cuestión es que el investigador se encuentra con la difícil papeleta de descifrar lo ocurrido. Los conductores, amén de los testigos, son la principal fuente de información, pero plantean una serie de problemas.

Son  las situaciones que pueden afectar a su testimonio, ya que la capacidad del conductor para contestar las preguntas con precisión está influenciada por lo que él considera sus problemas personales, que para él son lo más importante. Encontramos cuatro situaciones complejas de este tipo:

  • Racionalización: El implicado, siguiendo a veces un innato instinto de conservación, encuentra razones que justifican su actuación en los hechos que motivaron el accidente. Siempre buscará una respuesta que justifique su conducta.
  • Evasión de responsabilidad: Algunos de los que se saben culpables tratarán de desorientar, dando información inexacta. Estos son muy frecuentes. Son personas incapaces de reconocer su culpa en muchas facetas de la vida cotidiana.
  • Amnesia retrógrada: consiste en la pérdida momentánea de memoria debido a la conmoción. Muchas veces, la pérdida de memoria de los acontecimientos previos al accidente dura casi el mismo tiempo que la inconsciencia que se produce después. Por tanto, se debe poner en duda todo lo que el afectado cuente sobre lo acontecido poco antes de la actualización del accidente.
  • Falta de observación: Muchas personas no pueden dar información sencillamente porque no han observado.

Ley contra la violencia de género


Durante los últimos tiempos, en el Código Penal fueron apareciendo diversas figuras que castigaban la violencia doméstica, pese a las cuales el problema no mejoraba: la sociedad contemplaba cómo tantas mujeres seguían muriendo a manos de sus maridos, sin olvidar la cifra oculta de personas que no se atrevían a denunciar. Ante esta situación, se aprobó el texto de la Ley de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género, una ley polémica que ha contribuido a la saturación de las instituciones judiciales.

En el año 2004, el Congreso de los Diputados, de la mano del Gobierno de Rodríguez Zapatero (el cual se definió a sí mismo como “feminista radical” en su primera entrevista en The New York Times el 7 de mayo de 2004) lo primero que hizo fue tratar de dar respuesta a la violencia doméstica, creando una nueva figura jurídica, “la violencia de género”, que permitiera la aparición de una polémica Ley Integral. Dicha ley en realidad protege a la mujer contra la violencia del hombre, sin incidir en la figura del hombre maltratado, ni en el maltrato en las parejas homosexuales. Para aplicar el texto, la víctima ha de ser mujer; en el resto de casos, se aplica un delito genérico de lesiones.

Controversia.

Algunos sectores jurídicos y académicos han puesto en duda la conformidad con la Constitución en base a que, según afirman, el texto vulnera valores como la igualdad ante la ley, la proporcionalidad de la pena, la presunción de inocencia, la dignidad de la persona, la no discriminación por sexo y las garantías jurídicas. Un ejemplo ilustrativo de los problemas que origina la legislación actual sería un caso de amenazas mutuas, en el que, siendo la acción la misma, la mujer sería sancionada con una simple falta, mientras que al hombre se le juzgaría por un delito.

Esta situación de desigualdad manifiesta ya fue denunciada por un informe elaborado por el Consejo General del Poder Judicial al entender que la discriminación positiva en el ámbito penal podía ser inconstitucional. Del mismo modo, afirma que la ley no es mala en lo que contiene, sino en lo que no contiene.

Así, la Ley ostenta el récord de cuestiones de inconstitucionalidad presentadas por jueces contra una norma, ya que se han presentado cerca de 200. En cualquier caso, el Tribunal Constitucional avaló en mayo de 2008, por tan solo dos votos de diferencia (siete votos de magistrados a favor y cinco en contra) el polémico artículo 153.1 del Código Penal, en virtud del cual se permite aumentar las penas en caso de que el maltratador sea el varón.

Problemas tras su aplicación.

Según fuentes oficiales en el año 2006 se registró una reducción del 30% en el número de denuncias interpuestas por hombres. Del mismo modo, se ha detectado un aumento de denuncias falsas por parte de mujeres, intentando aprovecharse de la Ley Integral.

La única vía para conseguir que la igualdad entre mujeres y hombres sea una realidad es a través de la educación e información de los ciudadanos y ciudadanas, niños y niñas, empezando desde la base, obviamente reforzada y acompañada por una normativa que reprima y sancione las conductas de violencia de género que son producto de discriminaciones persistentes en la sociedad y las familias.

La forma de prevenir la repetición de modelos discriminatorios es educar en igualdad y acabar con estereotipos y con la asignación de roles en función del sexo. En caso de optar por hacer discriminación positiva, que sea para beneficiar a alguien vulnerable, no para perjudicar a los no vulnerables.

Violencia de género (II): la cara oculta


Todo problema tiene una cara oculta, algo que no se conoce, o que no interesa que se conozca.

La sociedad no es consciente de esta situación y los poderes públicos y medios con influencia social no hacen nada por descubrirlo.

En la violencia de género es muy preocupante esta cara oculta. Los hechos no se llegan a conocer y, en algunos casos muy concretos, como la violencia que recibe el hombre maltratado, no tienen el respaldo legal que la ley ofrece a las mujeres.

Mujer maltratada.

Pertenecen a la cara oculta de la violencia de género aquellas mujeres que no llegan a denunciar a su agresor y viven esta situación hasta el último momento. Para entenderlo tendríamos que estar en su lugar: hay situaciones en que el miedo a la denuncia es superior al miedo a la agresión. En otras situaciones, las causas que motivan a seguir con el maltratador responden a otras circunstancias, como la falsa creencia de la dependencia al agresor, los falsos roles interiorizados desde la infancia, la sumisión y los problemas emocionales.

En definitiva, estas mujeres permanecen en la cara oculta de la situación por miedo a represalias del agresor o por la falsa creencia de que la vida cambiará a peor.

Hombre maltratado.

Pertenecen a la cara oculta de la violencia de género también aquellos hombres que se encuentran en la situación anterior, aunque más impactante es el caso de los que se deciden a denunciar y se dan cuenta de que La ley no les da el respaldo legal que a las mujeres ofrece la mal llamada Ley contra la violencia de género.

Esta polémica ley de medidas de protección integral contra la violencia de género en realidad protege a la mujer contra la violencia del hombre. Se podría afirmar que el legislador erró en el nombre, ya que en lugar de violencia de género tendría que haberla denominado como violencia contra la mujer. El feminismo abrió los ojos del mundo sobre la violencia conyugal, pero solo se ha abierto un ojo sobre la violencia realizada sobre la mujer.

Esta ley de violencia de género articula un amplio abanico de protección a la mujer, muy acertado, pero sin respuesta para el hombre agredido. A este respecto, el Consejo General del Poder Judicial ha afirmado que la ley no es mala en lo que contiene, sino en lo que no contiene, pero es una cuestión de principios que se marcó el Gobierno de Rodríguez Zapatero.

Con todo, la Ley ostenta el récord de cuestiones de inconstitucionalidad presentadas por jueces contra una norma, en total cerca de 200 hasta el pronunciamiento del Tribunal Constitucional.

Lamentablemente, no se ha prestado apenas atención sobre el hombre, generándose un debate político alrededor del hombre maltratador y de la mujer víctima, en lugar de presentar la violencia como un fenómeno social real, donde las soluciones no son solo de orden político o sexista.

Es cierto que el binomio víctima-agresor puede ser ocupado por cualquier sexo y la realidad demuestra que se dan con mayor frecuencia los malos tratos en la mujer que en el varón (en una proporción de diez a uno en mayores de 21 años), pero esa décima parte merece la misma protección

Fases de la violencia.

Lenore Walker definió tres fases en el ciclo de la violencia a partir de su trabajo con mujeres y, actualmente, el suyo es el modelo más utilizado por los profesionales.

El ciclo comienza con una primera fase de acumulación de la tensión, en la que la víctima percibe claramente cómo el agresor va volviéndose más susceptible, respondiendo con más agresividad y encontrando motivos de conflicto en cada situación.

La segunda fase supone el estallido de la tensión, en la que la violencia finalmente explota, dando lugar a la agresión.

En la tercera fase, denominada de “luna de miel” o arrepentimiento, el agresor pide disculpas a la víctima, le hace regalos y trata de mostrar su arrepentimiento. Esta fase va reduciéndose con el tiempo, siendo cada vez más breve y llegando a desaparecer. Este ciclo, en el que al castigo (agresión) le sigue la expresión de arrepentimiento que mantiene la ilusión del cambio, puede ayudar a explicar la continuidad de la relación por parte de la mujer en los primeros momentos de la misma. Este ciclo explica la situación en la que se da violencia física, ya que la violencia psicológica no aparece de manera puntual, sino a lo largo de un proceso que pretende el sometimiento y control de la pareja.

Violencia de género (I): Cómo empieza todo


Cuando un hombre pone la mano encima a una mujer no tiene doble significado, no vale el “ya cambiará…” o el “se puso nervioso…”. Está claro que se convierte en un maltratador. Ni una de esas agresiones tiene justificación y es el primer momento para decidir romper la relación.

La violencia de género es una realidad social, una lacra que arrastramos sin que se pueda afirmar que hemos encontrado la fórmula para acabar con ella. Son muchas las acepciones de este tipo de violencia: violencia doméstica, violencia contra la mujer, violencia familiar, violencia intrafamiliar, violencia de género. Esta última expresión pone su acento en que la violencia “se ejerce contra la mujer por el mero hecho de serlo”.

Acción judicial.

Las reformas legislativas tienen como objetivo adoptar una serie de medidas destinadas a combatir la violencia ejercida contra las mujeres por su cónyuge o pareja, como manifestaciones de la desigualdad entre hombres y mujeres, ofreciendo a las mismas una protección integral.

La tramitación del procedimiento podrá realizarse como enjuiciamiento rápido e inmediato de determinados delitos con las especificaciones propias para los Juzgados de Violencia contra la Mujer.

Centrados en los datos relativos a la violencia en la pareja, se observa que, si bien es cierto que el binomio víctima-agresor puede ser ocupado por cualquier sexo, la realidad demuestra que se dan con mayor frecuencia los malos tratos en la mujer que en el varón, en una proporción de diez a uno en mayores de 21 años.

Perfiles: víctima y agresor.

• La víctima: Se trata, por lo general, de una mujer, casada o separada, entre los 30 y 40 años, que no trabaja fuera del hogar y que, si lo hace, suele ser como obrera no cualificada, con antecedentes de malos tratos anteriores y predominando los casos de malos tratos mixtos (físicos y psíquicos).

• El agresor: Se trata de un varón de unos 40 años, casado o conviviente con la víctima, que en la mayoría de los casos no tiene comportamientos agresivos fuera del ámbito familiar. Desde el punto de vista psicológico, el dato más común es que suele tratarse de personas con una personalidad agresiva (52%), y en un 16% de casos se trata de alcohólicos.

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