Carta a mi hijo


Tu padre es un policía. ¡Soy un policía! Y me siento muy orgulloso de serlo. Mi trabajo es muy envidiado y la vez muy odiado, pues tú sabes que no es fácil tenerlos a todos a gusto, pero dentro de sus peculiaridades me ofrece muchas satisfacciones. No trabajo de policía, me siento policía, presto un servicio a la sociedad cuando me necesita.

¡Soy el malo de la sociedad que tanto me necesita y tan mal me paga!, pero créeme, me enorgullece servir a los demás y me siento importante cuando salvo una vida, cuando protejo a un inocente o cuando detengo a un criminal. ¡…estas son satisfacciones que en otro trabajo no se tienen!

Quiero que me entiendas. Mi profesión es verdaderamente ingrata; muchos me arrojan piedras y me insultan cuando cumplo con mi deber, porque todos quisieran que la Ley se cumpliera para los demás y no en ellos. La gente me humilla cuando me ofrece una dádiva para que deje de cumplir con mi deber, y si la acepto me llamarían deshonesto. Tú sabes que no me dejaría sobornar, es más grata la dignidad que todo el dinero del mundo.

Debes saber que cuando salgo de casa no se si volveré a verte porque en mi trabajo, aunque no es de riesgo constante, nunca sabes a lo que te vas a enfrentar, y quien sabe si un día me toca a mi, pues me va de por medio la vida misma. Te cuento que hice la academia de policía con una gran persona, honesta y educada, padre de familia, y en diciembre de 1998, un delincuente apodado El Tysson le arrebató el revolver y lo asesinó. Mi compañero era policía local en Lorca y se llamaba  Juan Jesús Arcas, que descanse en paz. En estos días hemos asistido también al juicio del compañero Fran de Ceutí, al que le pedían 11 años de prisión por el homicidio de una persona lituana que quería matarlo. Gracias a Dios ha resultado inocente, pero ¿Qué habría pasado si Fran no dispara? En este trabajo tienes que decidir en cuestión de segundos decisiones que en un juzgado han llevado años.

¡Así es!. Tal vez tendré que morir defendiendo la vida y la propiedad ajena, (es difícil pero no imposible) mientras tú me esperas para darme ese beso y esa sonrisa que a diario me ofreces como bienvenida, y ante esa verdad sufro al pensar que ya no nos volveremos a ver porque habré entregado mi vida por esta sociedad que tanto me exige y tanto me critica a mis espaldas.

Si a veces no te veo es porque en este ingrato pero emocionante trabajo no tengo horario. ¡Si, es cierto!, trabajo en tres turnos y paradójicamente trabajo más cuando esos que me critican están de vacaciones o de fiesta y soy yo el que vela por su seguridad, además hay veces que por necesidades del servicio tengo que doblar o prolongar mi turno sin saber cuando voy a verte, eso sí, cuando salgo estoy deseando llegar para darte un abrazo y otro a tu madre; y créeme, no me importa prolongar porque este trabajo me gusta y lo que hago es por vocación. Yo nunca me niego cuando se que otros me necesitan para que cuide de su seguridad, porque es indiscutible, ya que cuando la sociedad descansa o duerme, yo estoy de pie, vigilando; cuando quisiera poder estar a tu lado, velando tu sueño, viéndote crecer, sano, sonriente, pero me conformo con verte en otro momento. De todas maneras siempre estoy pensando en ti y nunca te olvido.

¡Cada día me preparo para ser mejor policía para que tu te sientas orgulloso de tu padre, y lucho junto con mis compañeros por ti, para que puedas desarrollarte con seguridad y puedas caminar por las calles y llegar a la escuela libre de sobresaltos y de miedo, porque para eso estoy aquí y para eso soy policía. Imagínate un mundo sin policías, sería el caos ¿verdad?

¡No importa que me ataquen y que la gente me condene por no dejarme golpear o matar!. Tú sabes con que clase de gentes me enfrento diariamente. La mayoría son gente educada, pero en otras ocasiones me enfrento a drogadictos, borrachos, maltratadores, influyentes amigos de los “jefes”, todos ellos irrespetuosos, agresivos, ¡y yo debo tratarlos como si fuesen gentes decentes!; en verdad, ésto y que el mundo no se de cuenta que yo también soy un ser humano es lo que mas me hiere, pues me duelen los insultos y las agresiones,… ¡y demonios! ¿Que se creen, que estoy obligado a aguantar todo porque soy un policía olvidado de la mano de Dios? ¿Que cuando asisto a un Juzgado es porque a mi me da la gana? Y encima me tratan como si yo fuese el delincuente ¡risa me da! Además de tener una fila de denunciantes a mi espalda ya que en esta sociedad esta de moda denunciar al policía, como si fuese él el que ha buscado el problema. ¡Pero si yo voy a intentar resolverlo después de que éste se haya originado!, ¿es que no se dan cuenta?

Vaya sociedad, que tan bien me habla a la cara y lo que me critican y atacan a la espalda. Quiero que comprendas que soy policía y no puedo atenderte como te mereces ni darte todo lo que necesitas; solo puedo dejarte como herencia mi honor, mi orgullo y mi dignidad de hombre decente que quiere ser un ejemplo para ti. Además, no se si seré policía toda la vida, pues me arriesgo a morir o a que me metan entre rejas a diario, pero ese es el canon de llevar un arma de fuego.

…Te quiere Tu padre Carris.

IMPORTANTE:

Esta carta la he realizado en base a otra original que circula por la red. Siempre puedes acudir a la carta original, que es la que enrealidad tiene el mérito. Por ejemplo la puedes encontrar en la página de ToniWeb Pero si buscas en Internet verás que está por todos lados. La misma fue remitida por Roberto Martínez Iglesias, Primer Superintendente de la Policía de Monterrey (México), retirado en su día, y que falleció. Le mando desde aquí mi agradecimiento al cielo, donde descansará en paz.


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