De los 7 pecados capitales, la envidia es el único que nada satisfactorio aporta a quien la sufre


El envidioso está acostumbrado a meter cizaña entre los amigos y familiares, para lograr sus objetivos a base de engatusar e inventar mentiras

Envidia e hipocresía caminan de la mano y afecta más a los frustrados

Como decía el Dr. Saúl F. Salischiker “Cuando una persona se obsesiona y deja de vivir por estar pendiente de tu vida o en este caso en la vida de su adversario, de su entorno, y entre otras cosas siente agobio por cada uno de sus triunfos… amén de mostrar signos graves de inferioridad, te muestra que estás tratando con una persona psiquiátricamente enferma.”

La envidia es un fenómeno psicológico muy común que hace sufrir enormemente tanto a envidiosos como a sus víctimas. El envidioso es un insatisfecho (ya sea por inmadurez, represión, frustración, etc.) que, a menudo, no sabe que lo es. Por ello siente consciente o inconscientemente mucho rencor contra las personas que poseen algo (belleza, dinero, sexo, éxito, poder, libertad, amor, personalidad, experiencia, felicidad, etc.).

La envidia es una defensa típica de las personas más débiles, acomplejadas o fracasadas. Dicho sentimiento forma parte también de ese rasgo humano, el narcisismo, desde el que el sujeto experimenta un ansia infatigable de destacar, ser el centro de atención, ganar, quedar por encima, ser el “más” y el “mejor” en toda circunstancia. Por eso muchas personas se sienten a menudo amenazadas y angustiadas por los éxitos, la vida y la felicidad de los demás, y viven en perpetua competencia contra todo el mundo, atormentadas sin descanso por la envidia. No es ya sólo que los demás tengan cosas que ellas desean: ¡es que las desean precisamente porque los demás las tienen!

Las formas de expresión de la envidia son muy numerosas: críticas, ofensas, dominación, rechazo, acusaciones, difamación, agresiones, rivalidad, venganzas… Cuando ya no les quedan más argumentos para hablar en contra, transforman la mentira en verdad y la verdad la convierten en basura. A escala individual, la envidia suele formar parte de muchos trastornos psicológicos y de personalidad (p.ej., algunas ansiedades, trastornos obsesivos, depresión, agresividad, falta de autoestima…).

¿Por qué él y no yo?“, se pregunta el envidioso que no acepta el triunfo ajeno, sobre todo, cuando sabe que la persona envidiada es alguien que un día no tuvo nada y que otro día llega a tener todo. No hay nada más envidiable en la vida que la suerte de quien posee el juguete que uno mismo quisiera tener. De modo que en esta competencia abierta, en la que uno ambiciona ser y tener lo que es y tiene el otro, es casi natural que el envidioso busque por todos los medios la caída de su rival, impulsado por esa creencia innata de que nadie es tan capaz y perfecto como uno mismo.

El envidioso se disfraza casi siempre de amigo, como el lobo de oveja, para causar un daño en el momento menos esperado, pues es un ser astuto que, aun siendo un pobre diablo, se ufana de tener más sapiencia y experiencia.

La envidia no perdona a quien levanta el vuelo por encima del resto. Dependiendo del ambiente, los éxitos pueden proporcionar un gran respeto social o pueden ser una tumba si acaso alimenta la envidia destructora de algunos. Cuanto mayor sea la diferencia y el agravio entre quien sobresale (y los otros), mayor será la posibilidad de que uno sea envidiado de manera no sana y de que por tanto traten de hacerle daño.

La envidia en un maltratador psicológico

El psicólogo Iñaki Piñuel describe la envidia que siente un acosador como un sentimiento de inferioridad, el cual opera en forma de culpabilidad, que el acosador siente por no poseer atributos que él estima ideales. Los defectos físicos, intelectuales o emocionales generan un sentimiento de inferioridad que la persona intenta compensar superando esas carencias mediante el desarrollo de un complejo de superioridad. El complejo de superioridad hace que el acosador viva en la ficción de la posesión de valores, atributos y cualidades que en realidad no posee, negándolos en los demás de manera defensiva. Cuando surge en su entorno una persona (la víctima) que sí posee en verdad tales características, ello supone para el acosador un verdadero choque con la realidad. Su reacción ante esa dolorosa realidad suele consistir en negar, eliminándola, la fuente de la disonancia, desarrollando el psicoterror contra la víctima. El objetivo es hacer desaparecer a la víctima del horizonte psicológico del acosador porque sus capacidades suponen para éste una desestabilización psicológica.

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2 comentarios

  1. Me gusta tu artículo. Me viene a la cabeza algún caso extremo que posiblemente conozcas.
    Para mí, es un signo de debilidad y baja autoestima. El envidiosos es un pobre emocionalmente hablando, que lo único que hace es vivir los sueños de los demás y no los suyos propios. Me explico; es aquel que siempre hace las cosas para que los demás lo adulen, lo admiren, etc.
    Un saludo.

  2. Carris , te has superado a ti mismo en este articúlo, precioso contenenido y tristeménte real, a mi me han envidiado muchas veces y no tengo nada, tengo una amiga hace 30 años con la cual salgo todos los días menos los fines de semana, ella tiene un poder adquisitivo muy elevado, tres pisos un BMW, otro coche y bastante dinero, por envidia han intentado romper nuestra amistad miles de veces, pero ni lo han conseguido ni lo conseguirán, en contrapartida yo no tengo nad y jamás he sentido envidia de ella es más me alegro por qué es una buena amiga, bueno eso de que no tengo nada, tengo dos hijos que son mi tesoro, la vida fue algo ingrata conmigo al quitársela a mi marido a muy temprana edad, ellos, mis hijos nacidos del amor, me dieron fuerza para seguir adelante , aunqué algunas veces caigo en el pozo oscuro de la depresión, pero salgo a flote enseguida por ellos, más pena me dan los envidosos que ni viven ni dejan vivír, y tengan lo que tengan jamás seran felices, saludiños

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