Cómo cruzar una rotonda al borde del ataque de nervios


Con seis ojos al volante

12.06.11 MANUEL MADRID mmadrid@laverdad.es | LA VERDAD DE MURCIA
  • Aconsejan reducir la velocidad, ceder el paso a los vehículos que haya dentro y señalizar cualquier cambio de carril
  • Las autoescuelas proponen clases de reciclaje gratuitas para evitar accidentes en las glorietas

Muchos conductores se habrán visto abocados alguna vez a conducir mal conscientemente en una rotonda, en la mayoría de casos por causas ajenas a su voluntad. Y no se trata de un número anecdótico, pues todos los días, en cualquier rotonda de Murcia, los automovilistas se exponen a infinidad de peligros. Cuando no es un ciclista que cambia de carril es un motorista imprudente; cuando no es un peatón inconsciente, es un autobús que gira sin indicación, un tranvía que pita o un carretonero con chatarra. ¿Es posible conducir bien en glorietas?

A pesar de todo, los expertos al volante creen que sí es posible. Pero con educación y concienciación. El bloguero de ‘laverdad.es’ Juan Antonio Carreras ‘Carris’, policía local del grupo de Atestados, insiste en que el conductor español no termina de entender las normas de circulación al entrar, al circular y al salir de una rotonda. ¿Cuántos roces se evitarían al volante si lográramos entender algo que en la teoría parece tan elemental? Posiblemente la mayoría. Según ‘Carris’, cuando se produce un accidente en una rotonda los implicados casi nunca saben de quién es la culpa o, lo que es más probable, ambos creen llevar la razón. El presidente de la Asociación de Autoescuelas de la Región de Murcia, Carlos Nicolás, también coincide con ‘Carris’ en que en las rotondas la forma correcta de circular siempre resulta la más temeraria. ¿Cómo puede ser lo más arriesgado conducir con cuatro ojos? «No son suficientes, nos faltan seis, por lo menos», se desquita Francisco Jiménez, jefe provincial de Tráfico, que mete el dedo en la llaga y acusa directamente a las autoridades locales por apostar por las glorietas para favorecer la fluidez del tráfico sin estudiar convenientemente si es lo correcto, puesto que hay casos en que incluso empeora.

La moda de las rotondas en Murcia, una ciudad con un tráfico soportable en días laborables a pesar de ser una capital administrativa y de servicios, ha acabado por desesperar a muchos conductores hasta el punto de provocar auténticas situaciones de pavor antes de enfrentarse a ellas. La mayoría de expertos consultados culpabilizan a los ‘kamikazes’. ¿Quiénes son estas peligrosas «criaturas», como diría el lingüista murciano Pancracio Celdrán? Los ‘kamikazes’ son aquellos motoristas que conducen por las glorietas como Simoncelli, aquellos automovilistas que parecen querer estrellarse en cada adelantamiento como el mexicano ‘Checo’ Pérez, aquellos que no ponen el intermitente al cambiar de carril, aquellos que giran inesperadamente, aquellos que no reducen la velocidad al aproximarse y no ceden el paso a los que ya están dentro. Y que tire la primera piedra quien, como insinúa Carlos Nicolás, no ha sido alguna vez también un ‘kamikaze’ por culpa de otros al volante para evitar un probable choque. El consejo práctico de Nicolás es reducir la velocidad antes de llegar a la rotonda, saber que el que está girando tiene prioridad, señalizar correctamente cada cambio de carril y prepararse para salir siempre por el carril de la derecha. «Si un conductor está en un carril interior y se interpone en la trayectoria de otro que circula por el exterior tendría que ceder el paso para evitar el roce», testimonia.

El servicio de Tráfico del Ayuntamiento de Murcia, dependiente de la Concejalía de Seguridad y Circulación, y la Demarcación de Carreteras del Estado optaron hace más de cinco años por sustituir todos los cruces peligrosos de carreteras urbanas e interurbanas del municipio con rotondas. Numerosos estudios de tráfico indicaban la existencia de una accidentalidad muy alta en el casco urbano. Sobre los papeles, las glorietas acabarían con los denostados puntos negros, ¿pero han resultado ser la solución a todos los males de la conducción?

Es evidente que no. Incluso la propia concejala de Seguridad, Nuria Fuentes, reconocía durante el periodo de pruebas en blanco -sin pasajeros- del tranvía que era imprescindible centrarse en la reeducación de los automovilistas a la vista de que muchos de ellos siguen ignorando las normas más elementales y hacen que Murcia se parezca al circuito urbano de Montecarlo. Fuentes ya comentó en su momento que «a todos nos cuesta circular en estas rotondas, y con el tranvía tenemos que hacer una campaña que servirá para algo tan importante como enseñar a circular por una glorieta incluyendo el tranvía». A pesar del gusto que le ha cogido su departamento a la construcción de rotondas, lo cierto es que hasta la fecha el Ayuntamiento de Murcia no ha puesto en marcha ninguna campaña específica para ayudar a los conductores a pasar el examen de la conducción eficiente en este tipo de cruces donde a menudo el conductor más experimentado sufre al volante. Tampoco el Ministerio del Interior, a través de la Dirección General de Tráfico, ha tomado la delantera para dar ejemplo.

En Murcia, las únicas que han dado un paso al frente han sido las autoescuelas, que incluso se ofrecieron a la Jefatura Provincial de Tráfico a impartir clases de reciclaje gratuitas a los conductores que fueran a renovar sus permisos de conducir. El Ministerio paró en seco el proyecto, pues prepara una iniciativa más ambiciosa que, según las fuentes consultadas, pasaría por obligar a los conductores a volver a clase para ponerse al día con los nuevos artículos introducidos en el código circulatorio.

Sea como fuere, lo cierto es que muchos conductores ya han alzado la voz en contra. Los transportistas, por ejemplo, se oponen colectivamente a la proliferación de las rotondas, ya que en muchos casos se quejan de su reducido tamaño y peligrosidad, y casi todas las organizaciones profesionales admiten que la circulación se ralentiza.

En muchos lugares de la ciudad aún se palpa el peligro en cada maniobra. En la Plaza Circular, la rotonda más grande del centro y más famosa de todas, se ha incorporado otro obstáculo: el tranvía. También Juan XXIII, todas las de Juan Carlos I y Juan de Borbón afrontan un riesgo añadido. ¿Por dónde vendrá? En otros puntos de la ciudad, como Ronda Sur, donde ya se han producido varios accidentes mortales, los vecinos salieron a la calle y cortaron el tráfico para sensibilizar a las autoridades locales. En otras, como la construida por el Estado en Santa Catalina, muchos se lo piensan dos veces antes de seguir en dirección a El Palmar, así como en la del ‘Homenaje a los poetas’, en la carretera de Alicante, donde los coches acaban formando colas y taponando las salidas por una conflictiva combinación semafórica.

En otros casos, como es el del Camino de Salabosque, el Gobierno municipal se ha opuesto con insistencia a ejecutar la propuesta socialista de mejorar los accesos a la Costera Sur con una glorieta, una opción que el Ayuntamiento sí ha considerado en otros tramos más cuestionados. Indistintamente de la falta de educación y concienciación, lo cierto es que conducir bien en las rotondas no es cosa de uno solo. Todo es, como clama Francisco Jiménez, por el bien de todos.

Reportaje completo, páginas 18 y 19 de La Verdad del 12/06/2011
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